Siento una admiración profunda por la especie humana, repito, LA ESPECIE HUMANA.
Del humanista, de ese que siente por las desgracias que tiene el vecino de arriba, o del ciudadano del pueblo de al lado que le ROBARON su casa por no poder pagar su piso, por aquel político que, injustamente, metieron en la carcel por seguir hasta el final lo que le PIDIO EL PUEBLO CANSADO DE TANTA INJUSTICIA (ya, tú piensas diferente, a mí, hoy, me han obligado a pensar así, y hablo del pueblo eh), por el animalista que le metieron una multa abusiva, o simplemente multaron por luchar por la vida de los sin voz, por esa mujer que injusta y cobardemente machaco y marco de por vida ese psicopata que en su día le decía a su mujer, “TE AMO”.
Y, así, suma y sigue.
Si, siento una profunda admiración por ESOS SERES HUMANOS. Que, por lo menos, siguieron hasta el final con sus ideas, con sus valores, con sus principios. Y si, CON SUS LEALTADES.
Sin pedirlo, nacemos, luchamos durante los primeros años de vida contra miles de obstáculos, peleamos para salir del vientre de nuestra Mama.
Sin casi darnos cuenta nos encontramos, al nacer, con seres que aunque serán los que nos acompañen el resto de nuestras vidas, y, seguro, serán senderos difíciles, dependeremos de ellos aunque nos rebelemos.
Nos toparemos con dificultades que nos resultarán, en muchos casos, imposibles de entender por esa inocencia que se mantendrá entre nosotras-os hasta que nos encontremos con esos seres que nos harán cambiar por culpa de, una vez más, la maquinaria del sistema de turno que, decidieron unos pocos.
Triste, pero así real.
Llegan otras generaciones, y, por arte de “magia”, en esa tesitura nos volvemos a encontrar. Solos, y viéndolas venir. Dejando que aparezca, de nuevo, EL HOMBRE DEL SACO.
Y si, el que diga lo contrario, una vez más, MIENTE.
Nos encontraremos con tragedias a temprana edad o durante el camino que nos toque vivir, sabiendo que al final de la vida nos aguarda un abismo insondable del que nada podemos saber. O, que esos que diseñaron dicho sistema nos quieren hacer ver que existe algo más allá, pufff puffff, señoras y señores no hay nada más allá. Solo nos espera la completa desaparición del cuerpo, o la conservación de nuestros logros por nuestros actos realizados, ya sean en modo positivo o negativo.
Dicho esto, si, es verdad que somos todos un auténtico milagro, pero no de esos dioses. Hemos sido capaces de construir un mundo imposible, desde que el hombre decidió por cosas de la naturaleza, ser bípedo, hasta la actualidad hemos cambiado un rato, pero, ¿lo hemos aprovechado?, ¿de verdad creemos que hemos evolucionado algo?, lo siento, un humilde servidor cree que no hemos evolucionado nada, seguimos maltratandonos como nuestro ancestros más primitivos, seguimos usando a las mujeres como si fuesen inferiores, seguimos teniendo muchos “principios” arcaicos.
De verdad, pensadlo. Poneros ejemplos. Estoy seguro que encontraréis cientos.
Es verdad, aunque puede parecer hipocresía, por lo anteriormente citado, es maravilloso sentir los logros sociales que, algunas-os, consiguen, y terriblemente entristecedor como otros de un plumazo destrozan.
Es asombroso los adelantos tecnológicos que, algunas-os, nos demuestran año tras año para que, otras-os, de un mal uso de ellos, destrozan las vidas y dichos logros sin pararse tan solo un minuto del esfuerzo realizado por otras-os.
Pensadlo, si todos esos logros tecnológicos conseguidos con años de sacrificio, los seguiríamos usando, incluso invirtiendo para perfeccionarlos, para seguir conservando la especie humana y no para el beneficio propio, ¿no creéis que hasta abríamos llegado a la luna?.
Necesitamos un mundo de progreso, evidentemente, con esto, no quiero decir que me caso, o doy la mano, a esos que en la actualidad se hacen llamar progresistas.
A pesar de los escollos de la historia que, ya debería de resultar costoso la llegada de enfermedades raras, encontrarnos con cambios en el ecosistema, esa naturaleza que, de un modo u otro demuestra que está viva. Y, evidentemente, las inconsistencias de nuestro propio espíritu.
Dicho esto, y siendo consciente de la realidad, al mismo tiempo, somos frágiles y tercos, no olvidemos que somos humanos, a nuestra condición trágica contraponemos una infinita capacidad de soñar, de querer volar, y hacer de esos sueños el motor de la vida.
Y el que no sea consciente de ello, sigue mintiendo, o simplemente mira para otro lado.
Y venga va, me atrevo a decir que, esta, hasta muerto en vida.
Hoy más que nunca nos enfrentamos a un reto no esperado: el sistema que nos ha propulsado desde que vivíamos en las cavernas es el mismo que ahora se encuentra llenando de sufrimiento nuestra psiquis. Me refiero a los problemas de salud mental que no tienen como origen una causa endógena o exógena específica, sino que son la consecuencia directa de un sistema de valores competitivos que nos condenan a una permanente acumulación materialista.
Y sino, observar cómo está parte de la humanidad en modo zombie consumista, Black Friday, Navidades, Semanas Santas, etc etc, ¿miento?
Hoy, el día que escribo esta líneas estamos, están, algunas-os, metidos de lleno en eso que unos llaman Feliz Navidad, sin darse cuenta que, esos que diseñaron dicho sistema es para sus intereses, ósea, nos entregan una paga extra, conseguida en su día con lucha, y sangre, y luego nos la gastamos en sus empresas. Un humilde servidor, aunque no sé cuándo ofrecera estas líneas, os desea un Feliz Solsticio de invierno. Ya, algunas-os, diran, que aburrir es este tipo.
Me las suda. En el fondo, sé que sabéis que tengo razón.
Es un mal del alma. Nos hemos convencido de que nuestra obligación más elevada es la de trabajar para adquirir riquezas, hemos hecho de esa fantasía un motivo dador de sentido. Como se puede ver fácilmente, todo esto es un absurdo. No somos ángeles, porque no existen, es verdad, QUE SOMOS HUMANOS, NO LO OLVIDEMOS, y requerimos acumular materialmente todo aquello que nos permita asegurar nuestra subsistencia, pero esto no ha de ser un fin, sino un simple medio.
Nuestra condición humana consiste sobre todo en una insobornable vocación trascendente que nos empuja a salir de nosotros mismos para buscar el encuentro del otro, de lo otro. Si nos olvidamos de nuestra condición humana estamos encerrando nuestro espíritu en un oscuro calabozo sin esperanzas.
Jamás lo olvidemos, aunque sigas dudando de ello.
O sigas mirando para otro lado por, ¿PEREZA?. Que parece es lo que se lleva ahora. O, ¿es lo que nos metieron en nuestros cerebritos?, aquí lo dejo para que lo penséis.
El pobrecito ser humano necesita cambiar su perspectiva, revolucionar su existencia entera si es que quiere liberarse de esta nueva pestilencia posmoderna: ansiedad, depresión, angustia, sentimiento de vacío, ideas suicidas y demás alimañas psíquicas. Esta es la gran paradoja de nuestro tiempo, es precisamente en el seno de las sociedades opulentas donde crecen como en ningún otro lado las hierbas más agrias de la locura.
Después de leer esto, párate, piénsalo.
Vaya, un dato de la OMS, la sociedad americana crece un 120% el consumo de medicamentos destinados a enfermedades mentales. Consumos de estupefacientes. Entre las causas más destacadas.
Mientras la cubana la disminuye a, 0.
Vaya, vaya, que malas son las “dictaduras”.
Ah, en el estado español, a día de hoy, el 20% de nuestros adolescente ya sufren algún trastorno mental.
No quiero que pienses como yo, solo quiero que lo pienses.
Ahora bien, y esto se que os resultará muy fácil de entender, nuestros padres y nuestros abuelos vivieron a un ritmo mucho más lento que nosotros. Conocían desde jóvenes cómo sería su vida, evitaron en todo momento llenarse la cabeza con las especulaciones delirantes con que nos ha engatusado el espejismo de la competencia.
En cambio, la nuestra es la sociedad de la incertidumbre.
Quizás, no hemos cambiado tanto desde aquella época cavernaria hasta la actualidad.
Seguro que piensas diferente, un humilde servidor, piensa esto.









